MarSela

Por entonces estuve tan perdida de mí que sólo en la distancia pude encontrarme.

Me senté como otras veces en la orilla, con los brazos asiendo mis piernas contra el pecho y así divisé la línea del horizonte que hay entre el agua y el cielo. Y pensé que esa frontera era la misma que me separaba por dentro. La memoria y yo nos habíamos separado. La memoria, que es también un líquido inasible en constante movimiento como el mar, me empujó y navegué por el horizonte buscando un faro cuya luz me alumbrara y me trajese a tierra firme, segura.

Y; así fue que me conté mi historia y recordé quién fui para poder saber quién soy y dónde estoy.

A veces contarnos es la única manera de llegar a buen puerto.

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